¿Lo haré bien? ¿Me faltará más formación? ¿Y si me preguntan algo que no sé? ¿Y si a nadie le interesa lo que hago? ¿Quién me va a prestar atención a mí si hay tantas personas que hacen lo mismo y mejor que yo?
La pandemia es un momento que nos pone ante situaciones de constantes decisiones, cambios, emprendimientos y reinvenciones.
Supongamos que decidiste lanzarte a emprender una actividad nueva. Te invadió la curiosidad y te metiste de lleno a aprender. Te fuiste entusiasmando y te dieron ganas de aprender más. En medio de ese entusiasmo, un día te dijiste que sería grandioso compartir lo que aprendiste con otros. En un acto de coraje decidís poner fecha. Se va acercando el día y te levantás por la mañana con el estómago cerrado preguntándote: ¿Quién me mandó a meterme en esto?
Es una pregunta que yo también me hago cuando estoy por lanzar un programa nuevo o cuando me anoto en un curso de formación que muy en el fondo sé que va a tocar una parte de mí que me incomoda. ¿Y a quién le gusta sentirse incómodo? ¡Si estábamos tan bien antes de que este “intruso” llamado incomodidad se metiera en nuestras vidas!
Queremos salir corriendo y volver al punto de partida donde el intruso no estaba. ¿Y sabés qué pasa si lo hacemos? Nuestra comodidad le termina ganando al entusiasmo. Es como el huevo o la gallina. Porque a la larga tanta comodidad nos incomoda. Aparecen otro tipo de pensamientos… El lugar en el que estoy es muy cómodo pero me queda chico. Estoy desaprovechando mi potencial. Quiero un lugar más grande donde pueda dar cabida a cosas nuevas.
Pareciera una lucha contra un intruso que por más que nos escapemos, nos persigue y se las rebusca para introducirse por una hendija en aquel espacio en el nos sentimos tan cómodos. Hasta que nos incomoda.
Te debes estar preguntando cómo hacés para salir de ese lugar que te empieza a quedar chico. Te invito a que te visualices compartiendo con otros aquello en lo que te formaste y tanto te gusta. O habiendo hecho ese curso que presentías te iba a incomodar por ser algo nuevo para vos. Aprendiendo y descubriendo cosas nuevas más allá de los límites que le pusiste a tu espacio.
Seguramente te visualices lleno de asombro y entusiasmo como cuando eras chico y te proponían un juego nuevo. Esa sensación única que te impulsaba a adentrarte en el juego sin pensarlo, con los ojos bien abiertos y muy atento para no perderte ni un poquito de esa experiencia. Sin límites, todo por descubrir.
Imagináte el volver a sentir esa sensación de libertad en la que no estás preso de los límites de tu mente y te lanzás a la experiencia de eso nuevo que anhelás. No hace falta que te lances en caída libre. Podés empezar por dar un paso, por más pequeño que sea. Y si pudiste dar un paso, ¿por qué no vas a poder dar otro?
El crecimiento viene acompañado de incomodidad porque implica el aprendizaje de algo nuevo. Te animo a dar ese primer paso, aunque te incomode y después te preguntes quién me mandó a meterme en esto.

